Ubicadas en Howick, cerca de Durban, Sudáfrica, las cataratas Howick se desploman 95 metros en un remanso profundo. Conocidas localmente como KwaNogqaza —’lugar del alto’—, su nombre proviene de la leyenda del Inkanyamba, una criatura serpentiforme con cabeza de caballo que habita en sus aguas. Se cree que su temperamento volátil provoca las tormentas estacionales de la región. El estruendo del agua blanca al caer y la neblina constante envuelven el lugar en una atmósfera mística, atrayendo tanto a turistas como a quienes buscan conectar con las historias ancestrales zulúes.
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