Según la leyenda, en el siglo VI el monje y ermitaño Beato de Lungern persiguió a un dragón que se refugió en estas cuevas. Ubicadas junto a los lagos de Interlaken, en Suiza, las cuevas de St. Beatus (St. Beatus-Höhlen) se formaron a lo largo de siglos por la acción del agua. En su interior destacan impresionantes formaciones de estalactitas y estalagmitas, pequeños lagos subterráneos y cascadas que crean un paisaje místico y cambiante. Hoy, los visitantes pueden recorrer pasarelas iluminadas que serpentean por las cámaras naturales, descubriendo tanto la rica geología del lugar como su historia envuelta en mito.
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