Las tres islas rocosas de las Desertas suelen ser el primer vistazo que los viajeros tienen de Madeira antes de aterrizar en el aeropuerto de Funchal. Situadas frente a la costa sureste de Madeira, estas islas vírgenes están protegidas del desarrollo y forman un refugio crucial para especies locales de aves, incluyendo colonias de pardelas y otras aves marinas. Sus acantilados escarpados, vegetación autóctona y aguas cristalinas crean un entorno natural intacto, accesible solo mediante excursiones autorizadas que permiten observar su rica biodiversidad sin perturbar su fragilidad ecológica.
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